
Hay
momentos en que pienso durante bastante tiempo en un solo idioma,
generalmente el holandés, castellano o inglés (y raramente el francés o
italiano, sólo cuando estoy en Francia o Italia o cuando hablo por
teléfono con alguien de estos países). Esta mañana, o mejor dicho, esta
madrugada (bella parola!), porque eran las cinco, pensaba exclusivamente
en castellano y aprovecho el momento (ahora son las 5:25 am, ante
meridiem?) para cansar menos a mis lectores y a mi mismo, aunque me
cuesta un poco limitarme a un solo idioma. Aprovecho ese momento
especial de la mañana, oscuro, sólo escuchando unas gotas de lluvia
cayendo sobre el techo de mi habitación/oficina, para seguir pensando en
castellano.
Lo que estuve pensando esta madrugada (no sé el
equivalente en francés, ni en italiano u holandés) era: De vez en cuando
estoy tratando de mejorar mi novela no publicada. Lo estuve pensando
probablemente porque ayer por la noche mi compañera me preguntó si
tuviera el número de teléfono de mi amigo Bernardo en Buenos Aires.
Sabiendo que había apuntado su celular en la agenda del año 2004 cuando
nos vimos en Santiago de Chile (y no de Compostela), pero no sabiendo la
fecha, vi pasar ante mis ojos cosas de mi vida que no podía creer que
pasaron ya hace más de dos años, entre ellas algunas pláticas sobre mi
novela en aquel entonces terminada. Y pensando sobre mi novela salió la
primera frase de mi novela mejorada.
La primera frase está en
letra itálica, en un prólogo... Vamos al itálico (no al italiano, no
señor, cálmate (o calmáte como tal vez digan los argentinos, pero no
estoy seguro) y quédate al castellano), a las primeras palabras del
prólogo:
Después de su retorno de Italia él empezó a escribir una historia. Una mañana escribió que un hombre traspasaba (navegaba? cruzaba?)
en ferryboat (balsa?)
el IJ (el río detrás de la estación central de Ámsterdam)
y miraba a una italiana que se encontraba en la cubierta de popa (tuve que buscar esa última palabra en el diccionario).
Estas
dos frases ya bastan para mostrar lo difícil que es el traducir, más
que todo si se trata de traducir del holandés al castellano, porque las
maneras de decir las cosas y contar una historia en holandés son bien
distintas. Pero de esto no quiero hablar, quiero hablar de un otro
pensamiento que tuve esta madrugada, en la cama, porque eran sólo las 5 o
incluso más temprano, y ese pensamiento era que me gusta mirar a la
gente, ver a la gente y las veo casi todos como amigos y hasta seres
hermanos que quiero. Y pensaba:
¿exagero?
Más
interesante (desde mi punto de vista) es que lo pensaba y que lo sentía
que me gustan las personas y que las guardo (excusa: miro) casi todas
con amor y cariño. Y me pregunté (todavía en la cama):
¿por qué amo a la gente?
Ahora
son las 5:50, lo que indica que mis pensamientos son lentos o lo que
muestra que estoy tratando de escribir con calma y atención en vez de
dejarme arrastrar (llevar) por mis pensamientos rápidos, sueltos,
soltando de un idioma al otro... Y habiendo dicho esto ya sé una parte
de la respuesta: lo siento así porque me gusta la armonía.
¿Hay
alguien que no me pueda seguir? Digo "la armonía" y pienso ahora (no en
la cama sino detrás de mi computadora, o sea ordenador, ordinateur como
dicen los franceses) que esa palabra armonía se encuentra también en
el prólogo cortito (raras veces hay prólogos largos) de mi novela no
publicada (y no terminada, y ahora pienso a mi compañera a quien no le
gusta el paréntesis...
¿Cansa?
¿Es fea?
¿Es poca armónica?).
Mi
amor por las personas de este mundo en que vivimos un tiempo corto (un
tiempito nomás) tiene que ver con algo otro que no logro definir,
percibir, captar, investigar... Lo voy a tratar en un post siguiente
(ahora son las 6 am y voy a leer lo que he escrito y agregar una
fotito).
(
¿Haya alguien que lo siente igual, sin saber por qué?)